Presentación del libro

SI PREGUNTAN POR MÍ

 a cargo de José Iniesta

en Librería Berlín (Valencia)

20-Enero-2022

A Juan Ramón Barat lo conozco desde la juventud. Nuestra amistad fue posible gracias a la alianza de la poesía, la belleza y la conmoción que supuso para los dos la poesía en aquellos lejanos años de estudiantes en la Facultad de Filología de Valencia. Vivimos muchas cosas juntos, compartimos vinos y casa, risas y vocación, la lectura apasionada de poetas que empezábamos a conocer y que nos mostraban que la belleza y la verdad eran lo mismo. Nos mostramos nuestros primeros poemas con entusiasmo y desconcierto, con vocación siempre, maravillados como ahora con la música y la trascendencia que siempre nos regaló la palabra. Juntos vimos publicados en los años 80 nuestros primeros libros en la revista Abalorio y en la colección Ardeas de Sagunto. Un suceso importante fue que conocí a Maria José, su novia por entonces, y la quise de inmediato con su nostálgica alegría y su noble corazón, con su honda capacidad e intuición para saber dónde estaba el verdadero temblor en mi poesía. Presentar hoy Si preguntan por mí es un gozo y una suerte, expresión de la amistad y la confianza que esta pareja me tienen desde hace tanto. Como podéis ver otra vez la poesía nos une, este amor que sentimos por la vida y las palabras, la vida en las palabras y su claridad para balbucear quiénes somos, para cantar por qué caminos vamos perdidos e ilusionados, desvalidos siempre. Esta es nuestra alianza, sin duda, y algunos caminos que hemos andado juntos y otros donde nos hemos separado para volver a abrazarnos después, con gratitud y gozo en el encuentro.

Para Juan Ramón Barat la poesía es un lugar donde volver a ser humano. Sus versos desde joven cantan lo sencillo con profundidad, lo cercano y lo familiar con una nitidez sin retóricas que nos los hacen comprensibles en la primera lectura. Con un ritmo clásico que fluye sin tropiezos a su decir, impecable en su naturalidad, este poeta expone sus emociones, pesares y recuerdos a las claras, con desnudez, con una precisión expresiva justa que hace que hace que se aloje de inmediato en nuestro corazón. Poética unida a la tierra, al campo y sus oficios, a los orígenes y las voces del niño, al surco sensitivo que deja en nuestra alma la casa familiar y las voces perdidas de los padres. Si preguntan por mí, tiene el aliento de una confesión a solas lanzada al aire, episodios nítidos en la memoria donde podemos reconocernos, aconteceres que siguen temblando como una llama en las noches del corazón. Como en una sinfonía de lo esencial para el alma, aquí se nos ofrendan pensamientos y miradas, maneras de perder, deseos y caídas, sucesos y miedos que nos arrastran con su furia en las riadas de la realidad, reconciliación y batallas contra la desaparición. Poesía que nos gana siempre por la emoción y por la claridad de aquello secreto que nos desvela. Palabra que discurre sin tropiezos a su alto decir, sabedora de la música que le pertenece, de la luz indestructible que le pertenece y que es siempre temblor, el hondo temblor/ ante lo incomprensible. Necesidad y urgencia de nombrarse. Ansia de comprender el sentido de la vida desde la vida misma y sus edades, perplejidad agradecida ante el dolor de saberse fugaz e intrascendente/ en el absurdo devenir del mundo. De este libro dice Jaime Siles: Escritura elegíaca pero fundada en un estoicismo jubiloso que lo defiende de toda desesperación…. equilibrio clásico desde el que se contempla a sí mismo y analiza el paso de los años, y la erosión que el tiempo deja en tantas cosas.

Si preguntas por mí se estructura en cuatro movimientos que van desvelando el rostro verdadero del hombre, la geografía íntima del amor, el arcano de la existencia, la erosión de un cauce y su caudal. La primera parte, El sol de la infancia, recrea con un aliento narrativo episodios irrenunciables de la niñez, anclaje sentimental y limpio de los orígenes, episodios de la infancia donde el cielo y la tierra se funden con las raíces y las ramas de nuestra identidad. Desde la nostalgia y la tristeza de un mundo antiguo y gris, muy vivo siempre, se nos da el vuelo rasante de una vida desplegada entre el presente y el pasado. Regresión al niño que fuimos, que aún somos. Viaje sensitivo a la memoria, a lugares de la memoria que jamás sucumben y que pueden explicar quién somos, contestar nuestras preguntas, dar cobijo al corazón de un hombre. Diálogo sin imposturas y con una naturalidad que conmueve entre el poeta y los poetas Antonio Machado, Miguel Henández, Juan Ramón Jiménez, y otros, dando a lo cotidiano textura y color y una luz cegadora que no se desvanece, de certidumbre, de asidero para no caer. Poesía con una enorme lucidez e intuición para hacer que la realidad vista o recordada signifique más, trascienda como algo mirado por primara vez. Así, en el bellísimo poema EL ALGARROBO dice: El algarrobo crece tras la casa/ abandonada y vieja./ Sus ramas son tan grandes que parecen/ los brazos de un gigante sosteniendo/ la luz de las estrellas. Sencillez y hondura y enigma con una claridad cegadora. El poeta Barat persigue construir puentes entre la infancia y el hombre que es. En el poema Belleza evoca el olor del estiércol de las vacas y ello lo lleva, con qué ímpetu, hasta la conciencia de la plenitud y la felicidad, hasta el paraíso perdido. El poeta ve por lo que vio, eso es cierto. Su mirada es memoria y conciencia de vida. (Cito) A veces, todavía, percibo aquel olor/ del pesebre y la paja, de la leche/ saliendo de las ubres calientes de las vacas/ que ordeñaba de niño en el corral/ y siento que la vida me concede/ otra oportunidad de ser feliz/ en medio del estiércol.

En la segunda parte, Amor y geometría, encontramos cuatro poemas anclados al amor y la hermosura, a la fascinación sagrada de la carne y sus derribos. Hay algo doliente, áspero que clama en esta poesía amorosa, una fiera tempestad de emociones entre el placer y la muerte, a pesar de que mi amigo en un verso diga que el amor es la razón sin porqué de la existencia. Fascinación y miedo, amor y muerte van juntos, y junto a ellos las preguntas fatales, el estupor infinito de saber que el amor y la belleza, a pesar de la muerte, dan sentido a nuestros días. Luces y sombras en esta poética alborozada y doliente, intensa sobre la secreta liturgia del deseo, lo efímero de la rosa y el sueño de la eternidad. Y cito de ellos dos fragmentos que funden en un todo sus metales, la extraña alquimia del amor y sus oros desgastados por la herrumbre. De cuanto fuimos, nada perdurará en el tiempo./ Las moras de tus labios,/ tu risa o el temblor/ con el que te abracé/ en las cálidas noches de nuestra juventud.///

No sé. Quiero pensar/ que en el fondo de todos los relojes,/ más allá de la carne y su fulgor efímero,/ cuando ya la materia es ausencia y silencio,/ hay un lugar acaso,/ al margen de cualquier cartografía,/ de toda encrucijada y despropósito,/ donde poder querernos para siempre.

En el tercer y cuarto movimiento, Barro solo y El cuento de nunca acabar existe una larga andadura y sus cansancios, un esfuerzo evidente por crear con la poesía una metafísica personal, destellos del pensamiento sobre lo vivido o por vivir, sobre lo meditado después de tantas jornadas en el polvo de los caminos. Cada poema es la cara de un poliedro cuya suma nos puede aproximar a lo que es este hombre. Algo se nos desvela, y está desnudo. Encontramos en ellos lo esencial, lo que perdura: fragilidad y fuerza, y la luz del pensamiento intentando poner orden al caos y la confusión del existir. Si preguntan por mí,/ ya saben lo que soy:/ una sombra entre sombras./ Barro solo. Entre el tiempo pasado y el tiempo futuro vemos a un hombre atento a lo que acaece, un ser que alcanza su plentitud al enfrentarse con gratitud a las cosas presentes. Instantes hondos y bellos, terribles también, recuerdos vívidos que regresan de súbito y que dan sustento nuestro su existir. Metafísica nacida de la misma tierra, frente al cielo. Cavilaciones que nacen, no de la abstracción, si no del mismo pulso de la sangre, de las tormentas interiores, de la meditación sobre lo bello y lo terrible, sobre el deseo y sus fracasos. No tuve escapatoria./ No tengo escapatoria./ Mi destino está escrito con ceniza. Mi amigo Barat es un mago en prepararnos para el final del poema. En Museo arqueológico van fluyendo las imágenes del hallazgo de una necrópolis ante su mirada en medio del silencio y la soledad, una quietud de polvo y piedras que nos llevan al final del poema a lo inesperado bajo el sol: un hombre que está buscando sobre la destrucción y el abandono un atisbo de vida, un rastro de piedad/ de alguna providencia, y que sin embargo, nada ve que no sea recuerdo de la muerte. La mirada en este libro es esencial. La mirada o que evocamos se convierte en lo que somos, la memoria nos desvela nuestra identidad, nuestro tesoro más grande. Hay una luz secreta en la memoria que solo la desvela la palabra limpia y pura, la palabra que canta y celebra la vida a pesar de sus demoliciones. Eso siento al leer la poesía de mi amigo, y comprendo bien esta filosofía básica de la vida tan cerca de la muerte, de la propia muerte abrazada a nuestra vida e inseparable, como ocurre con las dos caras de una moneda, el existir. Una taza de café, la mirada de un pez muerto, la lluvia o el jazmín, la evocación de la madre o la presencia sagrada del algarrobo, cualquier motivo puede ser suficiente para encalarnos en algo que trasciende y que nos salva, y que va más allá de nosotros gracias a la oración que siempre es la poesía, el misterio de preguntarnos con amor aquello que jamás podremos contestar. Juan Ramón Barat en su libro jamás nos responde, pero sí acaso nos muestre la vasta geografía intacta de un sentir. Así, al meditar sobre una jarra antigua que rompe su nieta en casa en el poema La fragilidad nos dice. Comprobé que una jarra,/ al igual que la vida,/ y al igual que la historia de los hombres,/ esta hecha de sueños y de barro./ Y es frágil y es fugaz./ Brutamente fugaz.

No diré mucho más. Si preguntan por mí es un libro de vida y es un viaje a lugares remotos de la memoria. Poesía que se siente y que se piensa, en equilibrio, y que siempre guarda una sorpresa al final, una pasión desvelada. Comprendemos al sentir, nos conmueve pasear por este libro porque nuestra mirada se queda detenida en paisajes del tiempo, en las lejanías del corazón. Elogio al presente y meditación en la escritura. El cielo y la raíz. La madre y el aire, la luz siempre. El pan y la cebolla. Los vinos y las rosas. Lo idílico y lo trágico. El absurdo y el sentido, la belleza. Minutos o edades atrapados con belleza en un ámbar que perdurará. Sucesos de amor y muerte, eternos o fugaces, en la escritura de un hombre que morirá. Conmoción y lágrima, deseo o estupor frente al mundo, desconcierto porque en la mirada lo breve se puede hacerse universo. No más. Escritura que persigue dejar constancia/ de su fascinación/ ante lo incomprensible.

Por José Iniesta. Oliva, enero del 2022.