Presentación de LA NOCHE DE LAS GÁRGOLAS en El corte Inglés, Valencia
 
PASCUAL CASAÑ
 
23 de mayo de 2018
 
Cuando en el año 2014 publicó La sepultura  142, la continuación de la novela Deja en paz a los muertos, prometió dos cosas:
– en primer lugar, que la serie tendría una tercera entrega,
– y en segundo que, como reflejo de ese carácter suyo siempre predispuesto a las emociones fuertes, esa inquietud, de un modo consciente o inconsciente, la había trasladado a sus novelas; de modo que el lector o lectora que buscara emociones, las encontraría sin duda en las mismas.
Pues bien, Barat ha cumplido con creces la palabra empeñada. Por un lado, la serie ha tenido continuidad, no solo con la tercera entrega que prometió y que presentó aquí hace apenas un año, con el título Llueve sobre mi lápida, sino también con una cuarta  LA NOCHE DE LAS GÁRGOLAS, que es la que nos ocupa hoy.
Por otro lado, porque la intriga y emoción que caracterizaban  sus DOS primeras novelas han ido creciendo en progresión aritmética en la tercera y cuarta, donde entremezcla de modo magistral lo verídico con la ficción, lo cotidiano con lo imaginario, la certidumbre con el misterio.
La noche de las gárgolas comienza con la recepción por parte del joven protagonista, Daniel Villena, de un sobre en cuyo interior solo encuentra una cuartilla doblada con una sola palabra: Help, y con un acrónimo K.W.  Cuartilla que Daniel echa a la papelera en ese momento y que al intentar recuperarla esa misma noche comprueba que ha desaparecido misteriosamente de la  misma.
 Es un sobre sin destinatario, sin sello y con una sola palabra como remitente, Highgate. Para quienes lo desconozcan, Highgate es un distrito situado al norte de Londres, que cuenta con un cementerio rodeado por bosques, cementerio que se ha hecho famoso por varias cosas: porque en él están enterrados personajes como Karl Marx, Lucian Freud (un pintor famoso en los ambientes anglosajones), Faraday (uno de los físicos más influyentes en la historia de la ciencia) y los hermanos de Charles Dickens (otro gran maestro, como Barat, del género narrativo).
Pero este cementerio también es famoso por otros dos aspectos:
– por la gran cantidad de mausoleos y tumbas de estilo neogótico victoriano
– y porque a mediados del siglo pasado fue escenario de una leyenda urbana, según la cual en las noches de luna llena merodeaba entre sus tumbas un vampiro.
Esta atmósfera es utilizada por Juan Ramón para crear un marco perfecto de intriga y suspense a lo largo de esta novela.
A partir de ahí comienza toda la intriga que no cesará hasta el final de la novela. Se producen una serie de hechos anormales en los cuales Daniel sufre visiones y pesadillas, en las que se le aparecen muertos, sombras fantasmales…. Recibe señales y pistas que le cuesta interpretar y por eso siente la necesidad de investigar y encontrar una explicación a todo cuanto sucede… naturalmente no voy a desvelar ahora el resultado de esas investigaciones, pero sí que puedo anticipar – A MEDIAS –  una clave, la clave de todo cuanto sucede está en una mansión, y también puedo anticipar ( en este caso por entero, al 100%) otra cosa: que quien lea esta novela se sentirá atrapado por ella desde el primer capítulo, porque la novela es toda una invitación e incitación a los lectores para que piensen y encuentren, junto con el protagonista, una solución coherente a los fenómenos que se van sucediendo.
Es una novela que se encuentra en la tradición de las mejores novelas de misterio e intriga, al lado de autores como Agatha Christi, Dan Brown, Umberto Eco o Conan Doyle.
Novela en la que se realiza una especie de Koiné, es decir de amalgama, en la que se encuentra el misterio, el suspense, la intriga, la aventura, el amor y romanticismo, el humor, ciertas dosis (muy bien administradas) de terror e incluso ciertas dosis de poesía, porque como he dicho, Juan Ramón Barat es uno de los grandes poetas valencianos, y de vez en cuando le gusta dejar alguna pincelada (sabiamente administrada) de esa buena poesía suya en las páginas de La noche de las gárgolas. Pinceladas que en este caso contribuyen a realzar la impecable sintaxis que impregna toda la novela
Fíjense, como botón de muestra, en el párrafo con que comienza el libro en donde se encuentran dos perfectos heptasílabos y una cierta brisa poética envolvente: Aquella tarde helada de febrero el viento soplaba en remolinos y dejaba en el aire un presagio de tormenta. O vayan a la p. 186, en donde hay 2 hermosas comparaciones, recurso utilizado por los buenos poetas y buenos narradores: como si huyera de una manada de sombras, como una alarma en mitad del silencio.
El libro destaca, pues, por su prosa elegante y clara; el uso cuidado del lenguaje; la precisión del léxico;  el estilo ameno, pulcro, limpio y directo. En fin, un ejemplo perfecto de quien maneja la lengua con una corrección y BELLEZA  exquisitas.
 
Yo creo que en la combinación de estos dos elementos – la enorme capacidad de Juan Ramón para crear, recrear y mantener el suspense, y ese estilo literario tan claro, cuidadoso y esmerado – está el éxito de sus tres primeras novelas y ahí estará el éxito de La noche de las gárgolas.
Por eso, yo recomendaría esta novela no solo a los jóvenes, entre los cuales, Barat cuenta con miles y miles de seguidores y lectores (y ahí están las más de 80 presentaciones que este año lleva realizadas en diversos centros docentes de toda España-, sino la recomiendo también a los adultos, donde las novelas de Barat han encontrado un amplísimo eco; una novela que vale la pena ser apreciada y leída, y que puede ser un buen regalo, o un buen autorregalo, un regalo de esos gratificantes, un regalo no solo para las aulas (que por supuesto debe serlo), sino más allá de las mismas: en este caso, dado las fechas en que nos encontramos, un excelente regalo para este verano que tenemos a la vuelta de la esquina.