JUANA J. MARÍN SAURA

Poeta murciana

Café Convento, Lorca, 2011

 

J. R. Barat

 

   Según un antiguo proverbio, el hombre no debería decir nada que no fuera más bello que el silencio. Posiblemente, en esa reflexión se encierre una de los axiomas fundamentales de la palabra poética. El verso se convierte así en el instrumento sagrado con el que desentrañar el misterio del alma humana. El poeta, taumaturgo de sombras, ahonda en el silencio para expresar el prodigio y revelar el orden mágico del universo.

   Juana Marín es una predestinada. Predestinada a luchar entre el silencio y la palabra, en una búsqueda sin tregua del sentido último de la existencia. Camina en soledad, por los caminos del aire, con las manos llenas de palomas y el corazón repleto de sueños.

   Nació en Alcantarilla y las hadas en su visita de cortesía le concedieron tres dones: la inteligencia, la humildad y la constancia. Con esas gracias y los vientos venturosos atravesó el mundo de las muñecas, las rosas de la pubertad y las nubes de la adolescencia. Llegó a al mundo terrible de los adultos, ligera de equipaje, y pronto comprendió que la vida es un espacio minado, donde los hombres y las mujeres se debaten entre la locura y la razón, bajo la mirada indiferente de los dioses.

   Sencilla y tenaz, se graduó en Artes y Oficios y se diplomó en Artes Plásticas. Ávida y luchadora, fundó y dirigió la revista literaria Azahara, uno de los referentes imprescindibles para comprender la cultura murciana de los últimos tiempos. Lúcida y lírica, trabajó en programas de radio y colaboró en periódicos y revistas. Infatigable y sutil, actualmente labora en temas de creación literaria con niños y jóvenes en colegios e institutos.

   En 1989, Juana Marín obtenía el prestigioso premio de Poesía Zenobia y se consolidaba por derecho propio como una de las voces más importantes en el panorama poético nacional. Numerosos libros publicados así lo atestiguan. En 1975 ve la luz su primer libro: Desde el fondo mismo. En 1984, publica un libro intenso y bellísimo: El silencio de las lilas. En 1985 sigue el sugestivo Rondó veneziano. En 1988, nos regala con tres nuevos y brillantes libros: Pagoda de diamantes, El rastro del pincel y No son ángeles. En 1990, sale a la luz el premiado en el Certamen de Poesía Zenobia: A través de la luz, libro que fue traducido al sistema Braille. El mismo año, saldrá publicado un libro magnífico titulado Para detener el tiempo. En 1996, Juana nos regala con el que hasta la fecha es su último libro: Habitar el aire, también traducido al sistema Braille.

   Algunos de los títulos mencionados han sido publicados por prestigiosas editoriales nacionales, lo cual viene a ratificar el peso poético de esta obra, sugerente y profunda. Entre las editoriales que han publicado sus libros destacan: Libertarias, Colección Rabindranath Tagore de Madrid, Colección Adonais, Editora Regional de Murcia, etc. Por supuesto, la obra de Juana Marín también se encuentra diseminada en revistas, periódicos y antologías, siendo en la actualidad una referencia obligada en la poesía murciana de calidad.

   Poeta del sentimiento, de la luminosidad celeste. Poeta que expresa con una sutil delicadeza la inefable emoción del espíritu ante los momentos de plenitud gozosa, exaltación vital o tristeza infinita. Poeta que tiembla ante el papel en blanco, esa blancura carnal donde el ser humano deja caer en gotas de tinta lo más hondo del corazón. Poeta etérea y cotidiana, poeta de la reflexión que profundiza en los avatares múltiples de la experiencia, en la ciénaga oscura de la memoria, en el magma espeso del tiempo que nos ha tocado vivir. Poeta que se encrespa ante la agresión imperante y la inquietud, ante la cruel sinrazón del odio, la envidia y la mezquindad.

   Según un antiguo proverbio, el hombre no debería decir nada que no fuera más bello que el silencio. Posiblemente, en ese proverbio se encierra toda la filosofía poética de Juana Marín. De ahí, esa búsqueda desenfrenada de la verdad, la palabra bella y exacta que pueda nombrar la esencia total. Lo dijo otro gran poeta, Juan Ramón Jiménez: “inteligencia, dame el nombre exacto de las cosas”. La palabra única y definitiva. La voz que, según Juana Marín, pueda resolver el sórdido jeroglífico de la existencia. La palabra única y necesaria, capaz de iluminar todos los labios.

   Juana Marín: un gorrión que vuela por los espacios luminosos del silencio.