JOAQUÍN MATEOS

Poeta lorquino

Café Convento, Lorca, Febrero 2002

 

J. R. Barat

 

Viajero del tiempo, perseguidor de sombras, romántico peregrino de sueños imposibles se sabe este hombre cuya patria es el viento.

   Le llaman Joaquín Mateos, pero él tiene vocación de lluvia. Habita la memoria para rescatar del olvido los fragmentos inconexos de un rompecabezas absurdo que tal vez puedan explicarle el significado de su propia existencia.

   Vive perdido en un planeta de nubes, lejano y solo. Jamás lo confesará, pero desearía construir el edificio alado del vuelo como un pájaro invisible para escapar de este mundo incomprensible por los altos andamios de la luz.

   Joaquín Mateos es el nombre con el que lo conocen los árboles, el aire y los peces. Sin embargo, todos saben que detrás de ese nombre ficticio se esconde una criatura desnuda y vulnerable, un corazón en llamas, un niño dolorido que contempla con desasosiego el terrible mundo en el que vive, y sufre en solidario silencio por todos los seres desvalidos de la tierra.

   Joaquín Mateos Ruiz es un sencillo albañil de la memoria, una persona que rezuma ternura por todos los poros de su alma. Esta es su forma de combatir contra la agresión y el exterminio. Frente a la tristeza, la alegría. Contra la injusticia, la bondad. Para contrarrestar las lágrimas, una sonrisa. Para vencer la sinrazón, una sobredosis de amor. El único argumento posible que él conoce: el amor.

   Joaquín, Joaquín. ¿Cómo no amar tu insensata inclinación a compartir el vino y la esperanza? ¿Cómo no amar tu loca tendencia a capturar estrellas? ¿Cómo no soñar contigo, junto a la lumbre, con un mundo a la medida de todos los hombres? ¿Cómo no amar tu corazón de niño?

   Poeta, maestro, labrador de la amistad, abogado de palomas, navegante de la luz, hermano que todo aquel que sufre, viajero del tiempo. ¿Quién eres tú? ¿De dónde vienes? ¿A dónde vas?