DOCE MUJERES AL BORDE DE UN ATAQUE DE HISTORIA

Reflexiones sobre Pequeñas piezas de la gran máquina, de Montse Cano

Ed. Cuadernos del Laberinto

Mayo, 2017

J. R. Barat

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* ¿Y si yo comenzara mi discurso diciendo que, al leer las Pequeñas piezas de la gran máquina de Montserrat Cano, no he podido evitar establecer una maravillosa comparación con los Doce cuentos peregrinos de Gabriel García Márquez? Nada más y nada menos. Cotejar a Montse Cano con un Premio Nobel de Literatura puede parecer, de buenas a primeras, una temeridad. Una osadía o una baladronada. Pero ni mucho menos. Y trataré de explicarme.

*En primer lugar: se trata de un libro compuesto también por doce relatos. Doce perlas de un bellísimo collar perfectamente engarzadas. En segundo lugar: en ambos libros hay un relato con el mismo título (“La santa”). Y en tercer lugar, y lo más importante: ambos libros están escritos con una prosa excepcional. Una prosa solo al alcance de los autores realmente superiores. ¿Estoy diciendo con esto que nuestra escritora catalana-madrileña-portuguesa-canaria está capacitada para acceder al máximo galardón literario? Por falta de mérito narrativo no será.

* Pequeñas piezas de la gran máquina son doce puñetazos narrativos, como doce golpes sin piedad. Como doce campanadas a media noche. Como las doce uvas de la ira. Como los doce apóstoles convertidos en doce mujeres desgarradas por la intemperie de una vida jugada a cara o cruz. Como los doce meses de un año lunar y femenino. Como las doce cartas de un palo de baraja, espadas como labios o copas hasta el límite de un vino que nunca nos emborrachará bastante. Como las doce tribus de Israel repartiéndose la tierra prometida de la literatura. De la más hermosa y alta literatura. Como los doce signos del zodíaco o los doce dioses olímpicos, vertiendo sobre la humanidad su excelencia, pero también sus más ocultas miserias. Como los doce caballeros de la mesa redonda o los doce frutos del Árbol de la Vida. Como las doce puertas de la Jerusalén Celeste. Doce. El número del orden cósmico y la perfección. Doce mujeres al borde de un ataque de historia, que son doce pequeñas piezas de la gran máquina del mundo.

* Teresa. Helena. Macarena. Judith. Beatriz. Rusdesinda. Verónica. Giovanna. Ana. Xio Shi. Ana Magdalena. Y la mujer sin nombre. Protagonistas de doce relatos en los que se van alternando la historia y la intrahistoria. Relatos ambientados en lugares lejanos y exóticos, en otras épocas (los reinos visigodos, la lejana China, la selva amazónica americana, la italia renacentista, la Israel bíblica..), pero también en la España actual, transición franquista, postrimerías del s. XX o albores del s. XXI… Del pasado al presente, y del presente al pasado, la historia de la humanidad contada a través de doce mujeres que representan lo mejor y lo peor de la especie humana: el deseo, la frustración, el amor por la belleza, la fidelidad, el ansia de poder, la mediocridad, la rutina… Doce radiografías psicológicas presentadas con una prosa elegante, fluida, sobresaliente, donde las riqueza de las descripciones de ambientes, sentimientos, personas, lugares y pensamientos adquiere una profundidad literaria y una belleza estética difícil de superar. Muy difícil de superar.

* En Las noches negras, nos encontramos con Teresa, en un relato que nos recuerda al mejor Italo Calvino, el de Los amores difíciles. El núcleo central es el deseo que brota de la imaginación, porque la imaginación crea mundos intangibles, da forma a los sueños, hace caminar por el sendero que discurre entre lo real y lo irreal. La sensualidad se despereza cierto día cuando Teresa ve a un desconocido en una ventana, de espaldas, el pelo rubio, el cuerpo sin camisa. El mundo se le ofrece de repente plagado de belleza anónima. ¡Ah, el misterio del vivir! ¿Quién es ese desconocido, ese hombre etéreo, entresoñado, deseado confusamente entre las nieblas de la fantasía? Teresa se siente abrumada por un erotismo vital a flor de piel… un erotismo que solo cobra forma en su mente.

* El poder es una recreación del mito de Helena. Viajamos a la Grecia arcaica. y presenciamos la guerra de Troya, pero narrada con una perspectiva insólita y novedosa. El relato de Montse Cano es una versión al estilo de Alejandro Casona, el autor de un libro inolvidable: Flor de leyendas. Helena simboliza la envidia, pero también el odio. Es la inteligencia pura y descarnada. Y a su paso brotan las flores negras de la devastación. ¿Qué hay de verdad y qué hay de mentira en lo que ha llegado hasta nosotros? ¿Qué hay de cierto en el famoso juicio de Paris, en la manzana de la discordia, en la trifulca de las tres diosas, en la versión del aedo Homero? Odiseo, Agamenón, Clitemnestra, Príamo, Hécuba… seres humanos zarandeados por las pasiones, los miedos, la ambición, las ansias de poder… ¿No está todo adulterado por la memoria? ¿Los juglares edulcoran la realidad? ¿Quién fue realmente Helena, la hija de Tindáreo? ¿Una hermosa e inocente mujer? ¿O una mujer perversa y taimada?

* En el cuento titulado Veneno se nos plantea la búsqueda de la identidad. Macarena es una chica madrileña universitaria. Corre el año 1975. El verano en Mallorca abre en ella un mundo maravilloso. Descubre una vida de sensualidad, goza de hermosas noches junto al mar, bajo la luna cálida, sintiendo la brisa veraniega. Hay besos, risas, bailes, copas, sexo… El regreso a Madrid la devuelve a la realidad. Los últimos muertos del franquismo, la Universidad paralizada, las manifestaciones, la amistad… Los días pasan. Y la vida. Macarena se está haciendo adulta. ¿Quién es? ¿Qué piensa de todo? ¿En qué se va a convertir? ¿Por qué siente un veneno amargo y oscuro en su corazón? ¿Por qué no es feliz?

* Así en la tierra. Relato que nos hace recordar cualquiera de las narraciones de las Vidas Paralelas del inmortal Plutarco, La historia se ambienta en Israel, durante el siglo II a. C. y está protagonizado por Judith y por Sara, dos mujeres de Betulia, hermosas, jóvenes, viudas tempranas, sin hijos… Una, rica y respetada. Otra, pobre y repudiada. La ciudad está sitiada por los babilonios y los habitantes de Betulia pasan hambre, sed, enfermedades… ¿Quién salvará la ciudad? Ozías, el viejo lascivo, propone el plan de degollar a Holofernes, el jefe del ejército invasor. A la misma hora del atardecer suceden los dos desenlaces, el de Judith y el de Sara. Dos mujeres iguales y diferentes, frente a un mismo destino, ese lobo feroz, siempre al acecho, y siempre dispuesto a echar los dados del azar.

* En Un poco menos que eterno hallamos a Bea, que simboliza el amor incondicional de una mujer de clase media. Eterna amante, engañada, humillada, despreciada, ninguneada… Pero ella justifica a su amado, un hombre que es el prototipo del macho arrollador, lascivo, engañador, vanidoso, hipócrita, seductor, falto de escrúpulos.., que colecciona amantes, esposas y citas clandestinas… Beatriz no quiere o no sabe o no puede ver la realidad. Se autoengaña permanentemente. Me quiere a mí, a mí, solo a mí… Es la secretaria ideal, la amante ideal, la chica de los recados ideal… ¿Por qué no se rebela? ¿Por qué acepta sumisamente este destino de infelicidad permanente?

* Llegamos a La santa. El relato nos narra la historia de Rusdesinda. Siglo VII d. C., en la Europa visigoda. Nuestra protagonista padece una obsesión esquizofrénica en un ambiente de violencia, horror, asesinatos, intrigas, donde todo es efímero. Lo que mueve este mundo absurdo son el oro y la sangre. Conviven el esplendor y la miseria, mientras se despereza la la Edad Media, azotada por el fanatismo y la intolorencia religiosa. La pequeña Rusdesinda quiere alcanzar la santidad por el camino de la renuncia, del dolor, de la abnegación. ¿Pero cómo va a premiar la posteridad sus esfuerzos? ¿Ha elegido el camino correcto? ¿O tal vez la belleza y el sentido de la existencia responden a otros planteamientos vitales?

* Una viajera ejemplar. Verónica es una mujer glamurosa, relacionada con la alta sociedad (su novio frecuenta la la nobleza, la aristocracia…), tiene un buen trabajo, estable… Sí. Es una mujer feliz. El destino le ha sonreído. Pero de repente todo cambia. La maldita Rueda de la Fortuna es voluble y caprichosa. Verónica es abandonada por el “novio” y, además, la echan del trabajo. De la noche a la mañana, se ve sin nada. Experimenta una intensa frustración. Inicia un viaje para encontrarse a sí misma. Se va a Asia (Camboya, Vietnam, Laos, Tailandia…). En realidad, Verónica hace un doble viaje. El exterior y el interior, porque necesita conocerse a sí misma. ¿Cómo sobrevivir en un mundo tan ajeno, tan extraño, tan oscuro?

* Hilos. Es la historia de Xiao Shi, una mujer delicada como la porcelana, en la lejana China y en los tiempos de la seda… Su vida está tejida en un tapiz donde hay asesinatos, traiciones, violaciones, dolor… Dinastías que se matan unas a otras. En este escenario histórico, las mujeres no tienen otro papel que servir como rehenes, víctimas de tanta barbarie, concubinas, ceros a la izquierda en un mundo dominado por los hombres, en una espiral de violencia interminables. Xio Shi trama la venganza. La destrucción del mundo dominado por el mal.

* El relato Belleza está protagonizado por Giovanna de los Medici, una mujer que siente terror al olvido. Ella siempre ha perseguido la belleza como forma de vida. El mundo se divide en dos grupos: la gente con clase y la gente sin clase. La aristocracia frente al pueblo bajo, la plebe. Lo hermoso contra lo feo. Así piensa Giovanna, porque así piensa la gente de su alcurnia. Sin embargo, la muerte no entiende de linajes, ni de estirpes ni de clase sociales. La Danza de la Muerte todo lo iguala. Lo decía Jorge Manrique. Pero lo terrible no es la muerte, sino el olvido. El fin de la memoria.

* El relato La casa en orden desarrolla una trama inquietante. Ana vive en la casa perfecta. Tiene una familia ideal, marido, hijos, vivienda equipada con todos los adelantos modernos para el confort y el bienestar material. Se nos describe su mundo poblado por muebles, cuadros, lámparas, ropa de marca, joyas, electrodomésticos de calidad… Ana lo mira todo y suspira. ¡Se necesita tan poco para ser feliz! La casa está en orden, como la vida misma, como el alma y el espíritu de su dueña, cada objeto en su lugar, sin polvo, rezumando limpieza y claridad… ¿La vida de esta mujer no es un terrible hueco sin sentido? ¿Es esto el mundo?

* Los mares del norte es la historia anodina de una sirvienta llamada Ana Magdalena. Aquí contemplamos la rutina en un día de playa. Ana Magdalena lleva a los críos a la playa un día de verano, luminoso, azul… Los niños juegan a la pelota, se bañan, gritan. La criada reflexiona sobre la vida, sobre los niños, sobre sus señores… La existencia es algo monótono, y su vida es una cosa que no tiene consistencia. Se pregunta por el sentido de su vivir cotidiano.

*Memoria. La guerrera abosi, memoria viva de la selva amazónica americana, pertenece a un mundo en vías de desaparición. En este relato apoteósico se nos narra el fin del mundo tribal, primitivo, regido por unos valores y unas reglas que nada tienen que ver con el mundo moderno. Denuncia de la invasión y colonización de Europa, la destrucción de ese universo indígena de América, África, Asia… Extorsión, esclavitud, guerra, expolio permantente. El mundo de los mercados y las multinacionales, del capitalismo global ha aparecido. ¿Qué pinta una guerrera -y lo que ella representa- en un mundo sin alma?

* Doce mujeres, doce relatos, doce denuncias. La vida misma, trenzada a lo largo de unas vidas que tal vez son diferentes, pero que tal vez no se diferencian tanto. Porque el ser humano, al fin y al cabo, es el mismo en cualquier encrucijada de la historia. Y sus grandes pasiones y obsesiones recorren los siglos como un caballo ciego y desbocado. El amor y el odio, la esperanza y la frustración, la alegría y la tristeza, el miedo y el deseo. Sentimientos y emociones que habitan en el corazón del hombre. De todo hombre y de toda mujer. Ya lo decía Friedrich Holderlïn: “El hombre es un dios cuando sueña, pero un mendigo cuando reflexiona”. Y cuando reflexionamos y nos miramos en el espejo de la realidad solo vemos una efigie de barro y desolación. Porque todos estamos hechos con el mismo barro. El barro de la fugacidad, mal que nos pese.