La Cofradía de la Luna Roja

acuerdo. El caso es que Santi no decía nada. Cosa habitual en él, por otra parte. Las frases más largas que suele decir son de cuatro o cinco letras. Mi madre, tampoco. Yo me preguntaba qué íbamos a hacer en aquella casa y en aquel pueblo todo el verano, aparte de aburrirnos como perros al sol. -Bueno, y ahora a descargarlo todo y a instalarnos. -Pero, cariño –protestó débilmente mi madre-. He visto que la casa está aún patas arriba. Faltan cosas en la cocina. No tiene lámparas. Los embellecedores de la luz están sin poner. Hay pocos muebles. Algunas sillas están aún sin barnizar… -¡Es normal! –exclamó mi padre sin perder la sonrisa en ningún momento-. Los hombres que he buscado para adecentar esto hacen lo que pueden. Yo creo que han puesto la vivienda en condiciones en un tiempo récord. Ya sé que faltan cosas… ¡Hay que tener un poco de paciencia! -¿Paciencia? –bufó mi madre-. ¡Me he dado cuenta de que las ventanas de los cuartos no tienen mosquiteras! -Bueno, mujer, poco a poco… -De eso nada. Yo no puedo dormir sin mosquiteras. YAlba tampoco, ¿a que no, Alba? Mi madre y mi padre se habían quedado mirándome. -Odio los mosquitos –admití. -¿Lo ves? ¡Y lo mismo le pasa a Santi! ¿A que sí, Santi? Santi estaba a mi lado. Cabeceó en sentido afirmativo. -Si no pones mosquiteras nos vamos a dormir al hotel. Al decir aquello, mi madre cayó en la cuenta de que el hotel más próximo estaba en Cuenca, a más de dos horas de distancia por aquella carretera del infierno por la que habíamos venido. -¡Oh, Dios mío! –exclamó dejándose caer en una silla-. ¡Qué desgracia! La silla se venció por su peso y una de las patas se rompió. La madera debía de estar podrida. Mi madre cayó al suelo aparatosamente, haciendo pedazos el mueble, mientras gritaba atacada por la rabia y la desesperación. -¡Mierda! Mi padre la socorrió de inmediato. La izó casi antes de que ella tocara el suelo con el culo. -¿Te has hecho daño, cariño? -¡Ni cariño ni nada! ¡Déjame! Mientras gritaba para desahogarse, se daba manotazos con la intención de quitarse el 8

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